jueves, 13 de marzo de 2014

Ciencia y Fe (transcripciones de un foro)


Convendría traer aquí ahora, -decía yo a propósito de un tema sugerido de evolucionismo y fe- el pensamiento de Teilhard de Chardin si queremos encontrar una explicación compatible con el Dios cristiano y la evolución.
Teilhard de Chardin es un jesuita paleontólogo, muy original en sus planteamientos, no soy capaz aquí de traer su pensamiento ni siquiera de forma esquemática, leí, de joven, varios libros de él y sobre él, incluidas varias biografías. El pensamiento de Teilhard me resultó siempre muy sugerente. Para dar una idea general puede que pudiera yo, pero el pensamiento de Teilhard es muy complejo y no es fácil en pocas líneas sintetizarlo. El mismo vocabulario empleado, que a veces en sus mismos libros se edita al final como breviario semántico, ya da una idea de lo complejo que es.

En síntesis diré que el pensamiento de Teilhard es sui generis, atrevido y sobretodo original. La ortodoxia católica le ha mantenido en una especie de limbo fáctico, que yo sepa sus obras no han sido nunca prohibidas, pero sí dificultadas. En los 70 era muy leído, lo prueba el número de ediciones y de libros complementarios para intentar dilucidar o difundir su pensamiento, general o particular.

Es cuestión sobresaliente, que la aportación científica del padre Teilhard no es baladí. Es co-descubridor del fósil que define al Homo erectus pekinensis, llamado el hombre de Pekín, que es una subespecie de Homo erectus propia de China.

Tampoco es algo nuevo que profundos hombres de fe, jesuítas muchas veces, sean o hayan sido autores de libros de ciencia muy notables, gran parte del método experimental fue introducido por los jesuítas en sus centros de enseñanza. Caso importante es, por poner un ejemplo, que uno de los libros capitales para la difusión y referencia para la teoría de la evolución sea el título EVOLUCIÓN, publicado por la biblioteca de autores cristianos y bajo la dirección de la escuela del seminario conciliar católico de Barcelona por Miguel Crusafont (1910-1983) quien en propiedad debe ser considerado como una de las figuras más importantes de la Paleontalogía española del siglo XX, y que todavía hoy en Sabadell (Barcelona) existe el centro de investigación llamado antaño Instituto Provincial de Paleontología (hoy día, Instituto de Paleontología "Miguel Crusafont" cuya importancia y prestigio no se discute. Una de las mejores colecciones paleontológicas de España, junto con la del seminario conciliar. A su amaparo se ha difundido y publicado un legado fundamental. Destacan de la escuela del seminario Norberto Font y Sagué (Norbert Font i Sagué, Barcelona, 1874 - id., 1910), el cual fue un geólogo, espeleólogo, naturalista y escritor español en lengua catalana y castellana. Fue el introductor de la espeleología en España. y el Dr. Jaime Almera (1845-1919), su primer director, así como José-Ramón Bataller (1890-1962) quien continuó la labor del Dr. Almera como director del Museo. Fue el primer catedrático de Paleontología de la Universidad de Barcelona; fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Tolosa y fue miembro de diversas sociedades científicas. En su trayectoria de investigación destacan los fósiles del Mesozoico, de importancia capital, y su trabajo en diferentes hojas del Mapa Geológico Nacional del Instituto Geológico y Minero de España. En el año 1951 recibió soporte moral y económico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la vinculación entre ambas instituciones continuó con su sucesor, el Dr. Vía. El Dr. Bataller impulsó la creación de la Sección de Bioestratigrafía del C.S.I.C, ambos sacerdotes.


Así que quien afirma que la fe no es ajena a los hombres de ciencia, yerra. En cambio la mayor parte de creencias estrambóticas, entendiendo por tales aquellas que contradicen las reglas de la lógica y sus principio suelen ser productos intelectuales de hombres sin fe. Diré, como comlemento, que el escollo fundamental de la teología está en la explicación del mal, lo que suele llamarse el problema del mal . Es allí donde los atributos de dios (omnipotencia y bondad) parecen contradecirse con la inmanencia del mal natural (el mal moral sí se justifica por la libertad (libre albedrío) y por la caída original). No es fácil la parte del mal natural (se dice del que no depende de la acción ni la voluntad del hombre), en esto Teilhard entiendo que propone una vía, no fácil, pero como mínimo posible. Cito: "Teilhard no pone en duda la omnipotencia divina ni su libertad absoluta. Él evita cualquier precisión, [es] [i]el determinismo radical que se le ha podido reprochar. El mal, bajo todas sus formas, es inevitable en el curso de una creación que se desarrolla en el Tiempo. Pero la acción creadora de Dios se ejerce en proporción a lo que nosotros percibimos de la evolución del Universo. El acontecimiento crístico de la Encarnación nos dice, una sóla vez, pero definitivamente, que este mal en apariencia inevitable, como la muerte que a él va ligada, no tiene la última palabra[/i]."

Por tanto, un poco a modo de conclusión diría que puede afirmarse que los entornos experimentales, no son incompatibles con los espacios de fe, y que esta no contradice ninguna regla lógica ni principio sujeto a ella. Es lo propio del método experimental dilucidar el qué y el cómo de los fenómenos pero no sus causas últimas y tampoco su justificación.
Así, las posturas beligerantes con la fe, que la postergan y casi la ridiculizan, son en esencia defectos del pensamiento tan execrables como otrora lo fueron los dogmas aplicados a los fenómenos accesibles por la experimentación, -redundante es decir , entiéndase a sus qué y cómo-.
No es aquí el lugar adecuado, pienso yo, para hacer apología de la fe católica, -que es la única que comprendemos y a la que nos remitimos-, pero es menester aducir que de sus instituciones, y no de otras, proviene en Occidente el legado Universitario, que es el origen y la garantía de las ciencias experimentales, que tanto nos hacen hablar, y que tanto trasiego nos dan. Cualquier negación de este hecho es necesariamente parcial e ideológica, pero no históricamente validable.