sábado, 22 de febrero de 2014

Anamorfosis

Entre el dispositivo óptico y la mirabilia, me gustan las anamorfosis.
He fabricado un cilindro anamórfico para observar imágenes distorsionadas que mediante él se enderezan. Encontré en los espejos desde niño un interés filosófico, casi siniestro. Los tengo convexos, los busco cóncavos, caleidoscópicos, y aberrentes. Recuerdo, siendo muy crio, la galería de espejos deformantes del parque del Tibidabo, en Barcelona, me producía pavor, me encantaba, con esa ambivalencia que suele producir la combinación del miedo y del deseo, como un encuentro prohibido, como un secreto.
Decía Borges que tienen la característica, los espejos, de multiplicar a los entes, lo cual es como mínimo inquietante. Habíamos construido ya un anartoscopio de Plateau, pero no una anamorfosis de espejo. Ya lo hemos hecho. Variada es la bibliografía sobre este tema y sus implicaciones en las artes y en las ciencias, a parte, claro está, de lo estrictamente físico y matemático- muy complejo, por cierto- está lo filosófico de la cuestión. Un buen ejemplo es, "Juego y artificio: Autómatas y otras ficciones en la cultura del Renacimiento a la Ilustración"  de Alfredo Aracil y, como no, el texto de Jurgis Baltrusaitis, "Les prespectives dépravées" del que no sabemos traducción a nuestra lengua, y del que el editor glosa: "L'ouvrage peut être divisé en trois parties : la première s'intéresse à la naissance de l'anamorphose et à sa diffusion jusqu'au XVIIe siècle, en France et en Allemagne ; la deuxième suit les développements de la technique entre le XVIIIe et le XIXe siècle, en s'appuyant sur l'introduction du miroir dans le dispositif de lecture de l'anamorphose et sur les rapports avec des images analogues produites en Chine ; la troisième partie offre un aperçu des « résurgences et renouveaux » de l'anamorphose chez les artistes et les intellectuels, au xxe siècle."
http://www.detambel.com/f/index.php?sp=liv&livre_id=8676


martes, 18 de febrero de 2014

Filosofía hoy.


El descrédito por todo lo no utilitarista, y la ciencia lo es a través de la tecnología y de la técnica, junto a enfoques materialistas extremos que son los que consideran la ciencia la única vía para el progreso, entendiendo por tal el avance técnico-tecnológico, y así sucesivamente ha ido desplazando toda forma de conocimiento o lo que es más importante, toda forma de búsqueda de la verdad que no obedezca a enfoques científicos. En este sentido, bajo esta anamorfosis, únicamente la ciencia proporciona elementos de valor, obviando que gran parte de la ciencia no es experimental pura, sino teórica, y no está exenta de subjetivismo, pues la misma condición humana lo implica. Además, las causas últimas quedan excuidas del campo de las ciencias, y en cambio son fundamentales en la configuración de las sociedades y de sus individuos. La ciencia no proporciona una ética; como dices, la esencia de un grupo humano, en un momento determinado, y a través de la historia, depende de otros elementos, de la moral, de la ética, del sentido pleno de la existencia.
La ley natural, que desarrolla el derecho natural se opone al relativismo moral, el Bien no es un acuerdo, ni es un consenso, ni el resultado de una opinión mayoritaria, es un absoluto que refiere a la providencia, a Dios. Obviamente si no hay fe, es difícil (no imposible) sostener esta concepción.
Toda la modernidad, desde la revolución francesa, tiende a negar la ley moral natural, sustituyéndola por acuerdos de derecho positivo, como lo son los principios de la carta de derechos humanos. Paralelamente, la relativización moral, la idea del que la libertad es un bien supremo, y que la única forma válida de gobierno es la democracia parlamentaria de partidos, han determinado , a mi juicio, la postrera etapa de nuestra civilización. No pretendo polémica (insisto), ni proselitismo, pero estoy convencido que la sociedad cristiana occidental, que es la que ha creado y sustenta el paradigma científico, va a ser la que va a perecer víctima de sus propias contradicciones . Creo que el descrédito de la filosofía es paralelo al colapso de las ideas (no de las ideologías, que son pensamiento reducido y vulgarizado de elementos de filosofía política, y estas seguirán como formas degeneradas de ideas) que se ha venido produciendo en occidente desde la ya mencionada revolución francesa. Los elementos tradicionales para mantener el orden y la paz social, necesarios en la vida diaria, se subvierten constantemente, el diccionario, la semántica, todo casi, se desnaturaliza en pos de una falsa idea de progreso, de una ideología de base materialista, que a su vez, es la que promociona y excluye, la que premia y censura, la que crea el falso ídolo, la perversidad intrínseca de un sistema alejado de Dios.

El más perverso orden tiránico deviene justamente del liberalismo, pues si la tiranía viniese de una forma autocrática personal, cabría el derecho a la oposición, mas viniendo, en teoría, de la garantía que ofrece el sufragio, toda forma de oposición es combatida, y básicamente excluida. El despotismo de las democracias parlamentarias occidentales (con matices en algunas sociedades cuyas características impiden ciertas tendencias,(sería largo de explicar) como ocurre en Suiza) instaura en el fondo el pensamiento único que pretende combatir, pero no en la demarcación del derecho natural, como ocurría en las sociedades tradicionales, sino en el albedrío objetivo del hombre disidente, del hombre que no es común. La libertad esta cercenada por los mismos elementos que pretendían restaurarla. Ciertas concepciones, como las ideas de Rousseau de sociedad, y sus derivadas educativas tan caras y tan funestas, dejan de ser elementos sujetos a crítica, para creerse absolutos, procedimientos contra los que es imposible combatir. Este pensamiento que estoy exponiendo tiene nombre, se llama pesamiento tradicional, se opone al progresismo (no al progreso) y al relativismo moral. Es básicamente anti-revolucionario, y en roussoniano se le llama reaccionario.
Chesterton decía (se cita libre) que las sociedades tradicionales partían de un elemento obscuro para volverlo todo luminoso, y que las actuales parten de un punto de luz y lo oscurecen todo.

Tampoco sería aceptable, que no dijese que quien suscribe es un pobre hombre, sin fe, y cargado de defectos.