lunes, 15 de septiembre de 2014

Higueras y otras hijas del destino




No sé  por qué la higueras, Ficus carica, siempre me han inquietadado, son singulares en todo, su leña no arde, sus hojas ásperas parecen más pelo que planta, sus flores son frutos -o sus frutos flores, como se quiera- son además sujetos de leyendas, de mitos y de maldiciones divinas, son extrañas, o a mí me lo parecen.
Quizá las cosas extrañas nos acompañan veladas en nuestra comprensión  racional para  mostrarnos caminos, que si bien sinuosos, pueden ofrecernos salidas del averno cotidiano, del escaparate común.
Siempre que pienso en higueras pienso en estas cosas, pues ya mi abuelo me advertía que no debe uno subir nunca a sus ramas, ni a por sus frutos, ni a por sus altos, ni a nada ni para nada, pues es traidora, me decía, y te derrotará cuando pueda. Nunca he subido a una, ni he quemado sus troncos, que no arden, decía él, no arden, ni arderán, pues no tienen madera, son de agua, y de aire, pero no de madera, añadía que además traía mala suerte, cosa que él no creía, pero que  por costumbre no hacía  y en cualquier caso, por no ser conveniente. Son hijas del destino, amigas de las Parcas, ya Judas expiró su último aliento colgado de una rama de una que, por cierto, no se quebró aquel día, pues en el destino de aquel hombre estaba escrito morir aquel día y de tal suerte.
En cuanto a sus frutos son un misterio, aparecen de higos a brevas, o sea de brevas a higos, pues estas anteceden a estos, de junio a septiembre, verano de por medio, claro.  Las hay negras, verdes, fragantes, gomosas, las mejores -por reputadas- son aquellas que tientan a los gorriones, dulces al paladar, densas y muy flácidas, rojas por dentro y llorosas de goma por fuera, con la piel fina, imperceptible y fragante. Los apetitos venéreos tienen su sí y su no en la lechosa savia de su médula, pues hay quien afirma su poder generativo, y otros su contraremedio; sobretodo en lo simbólico, sucede algo parecido con las lechugas, pues las Lactuca sativa también son y no son a un tiempo anafrodisíacas, desde Min itifálico en Egipto, sabemos de su simbología relacionada con el priapismo, y en cambio la ciencia afirma su efecto cercano al bromuro. La sexualidad de las higueras es complicada también, pues las hay dioicas y monoicas, y las monoicas pueden ser machos o hembras. Si hay cabrahigo es macho, y tiene su verbo: cabrahigar, que se dice del fecundar con intervención humana a las variedades hembras del árbol que no son partenocárpicas con el higo que no es higo ni es breva, o sea que es cabrahigo, y que madura en dos años. Glosar de esta planta no es fácil, ya se ve, es como si todo en ella fuese dos veces lo que en otras es media vez. La forma de su fruto determina su símbolo, que es de Venus, no de Marte, y también su color y textura recuerda otra morfología y otros secretos. El nombre de alguna variedad no es nada baladí: Cuello de dama, Bicariño, Blanca, Negra, Gota de goma; por cierto, antes se vendían por unidades, nunca a peso, y se decía entonces -en catalán- que pesa figues a quien perdía el tiempo en actividades jocosas, pero no fructíferas, o simplemente se dormía en los laureles.
No todo es malo en la higuera, su sombra atrae al sueño, es fresca y tonifica. Con los higos secos, eucalipto, manzana y miel, se elabora un jarabe balsámico que cura la tos y espanta al demonio, siempre amigo del infortunio del que es causa y cómplice.
Esta noche he visto la higuera de la playa que frecuento con otros ojos, mientras la luna lucía grande y la iluminaba, la miré preguntándole, por el destino, y por el mar. Del destino no me dijo nada, y del mar me habló en voz baja, recordándome que ella hunde sus raíces en un terraplén granítico, seco, depauperado, a orillas del mediterráneo, resguardado -es un decir- del viento por un promontorio que cruza el tren por un túnel  con un ruído agudo, falto de compás, como las máquinas modernas hacen, y como a mí tan poco me gusta.
Me dijo que no da fruto por ser estéril, y me lo explicó sotto voce, como queriéndose justificar dado su asiento y el viento, uno por ser pobre y áspero, y el otro por ser fuerte y violento, haciéndola bajita, pequeña y depauperada, sin higos, y sin destino.




3 comentarios:

  1. ¡David, me has dejado sin respiración ni palabras, pero con el despertar de sensaciones abiertas unas muy familiares y otras un tanto medio perdidas o como algo confusas!, es muy conmovedor tu artículo, una preciosidad...


    ¡Ya quisiera el Señor escritor emprendedor de tu misma tierra llegar a escribir tan sincero y emotivo como tú, porque de mentiras está el mundo lleno!


    ¡Invitas a dar la mano, a la entrega amistosa y verdadera, aquella confiada del dulce sueño de la Virtud hecho realidad!


    ¡Escribir con vehemencia y apostando firmemente en lo que creemos conocer y desconocer , alianzas del mundo terrenal y el otro que no lo es pero que existe, no le vemos pero sí lo intuimos y percibimos a nuestro justo ladito!


    Preguntar por el destino...preguntarnos por el mañana si tan siquiera sabemos el hoy, pero nunca dejamos de preguntarnos por el mañana...no sé si será buena o mala costumbre...


    Tu escrito es como un beso que estremece, David. Enhorabuena.


    https://www.youtube.com/watch?v=TPMoOk5GzXk


    Un abrazo. Teresa.

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    1. Gracias, me parece excesivo el elogio, pero lo agradezco mucho.

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    2. De excesivo nada, David, una verdad objetiva. También te advierto algo, David, cuidado con las participantes que no se amoldan a ningún molde que pueden destruir todo el arquetipo de un autor de blog, jejeje, a estos autores les sientan mal, a ti no, al contrario admitirías las críticas constructivas.


      Saludos. Teresa.

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