domingo, 10 de agosto de 2014

Del valor de las cosas


Tengo por seguro que del polvo no escaparemos, tarde o temprano las cosas y nosotros seremos devueltos a la tierra, y al olvido. Si hay trascendencia, ya se verá, y si hay resurrección también, pero nadie niega la caída como condición necesaria al realce.
Dicho esto, a modo de declaración de principios, no me alejo de mi interés por los objetos bellos y simbólicos. Esta tarde, mi primo me ha regalado un carrete de pesca de su padre, o sea de mi tío Quimet, que es una preciosodad. Está tal cual lo dejó, y no sin cierta inquietud, me interrogo por la vez que fue la última que lo usó, o que lo tocó, es curioso pensar en esto, como lo pensó y lo dijo Borges en su poema Límites:


(De estas calles que ahondan el poniente,
una habrá (no sé cuál) que he recorrido
ya por última vez, indiferente
y sin adivinarlo, sometido)


Es grande, robusto, de la marca Sagarra, bonito y funciona. De niño recuerdo a mi tío arreglándolo, poniendo el sedal en su sitio, engrasándolo con paciencia, y con una sonrisa pícara y cercana para conmigo. Le estimaba, era un hombre de tez morena, muy bien vestido, educado, con un sentido natural del humor que consistía en no reírse casi nunca, y en cambio, conseguir que con sus narraciones disfrutásemos todos. Fumaba, despacio y con profundas caladas, tabaco negro, sobrio, de siempre. Recuerdo las manos bronceadas, curtidas por el sol y la sal, con gafas, para ver las cosas de cerca, siempre despacio, sin prisas. Me aconsejaba la paciencia como remedio a mis juveniles errores, cuando fracasaba al bobinar un hilo o por el contrario, recomendaba celeridad cuando ejecutaba torpemente una soldadura en un componente. Yo le recriminaba que no me lo hiciera él, y -ahora lo entiendo- me decía que no veía. Yo no entendía que no viese llevando las gafas, o en todo caso le recomendaba cambiárselas. Claro, ahora comprendo qué le pasaba, pues mi vista de hoy me recuerda la suya de ayer.
Debes contar hasta tres -me decía- para contestar, hasta tres, durante el soldado: un dos, tres. Siempre hasta tres, todo hay que pensárselo tres veces.
Hablaba del mar, de leyendas de aparecidos, como la de un cazador, llamado Pere  caçador del que se decía in illo tempore que entró en la parroquia, armado y con perros, durante el Oficio del Viernes Santo vociferando gritos cinegéticos persiguiendo una liebre, y que por la falta, quedó maldito, y de su ánima, que desde entonces, purga la ofensa -para ser ejemplarizante su condena- en forma de lamento cada Oficio de Tinieblas del Viernes Santo, diciendo: "¡A llevar, a llevar!"
 También de emisoras lejanas, de voces oídas, de voces cercanas, de él, de nosotros.
Su vida no fue fácil, años áridos le segaron  la infancia pero no por ello dejó de prosperar. La salud le fallaba, recuerdo que una vez nos divertimos repasando el cuerpo órgano a órgano,  para ver  si le quedaba alguno en el suyo intacto. Ninguno me decía, casi ninguno. La verdad es que había sobrevivido a curas de horror, de espanto.
Entendía de pesca, de radios antiguas, de galenas.  Hablaba con voz acompasada y me enseñaba a montar circuitos con  hilos y maña con los que armar receptores. Era un carácter, una buena persona en el sentido en el que Machado refiere el adjetivo aplicándolo al caso. Tener un objeto tan personal de él, me agrada, me acompaña.
No entiendo a estas alturas, como hay personas cuya insensatez y desprecio alimenta una arrogancia sin límites y sin sentido, lejos del temor natural a ser polvo que debiera servir para acoger, no para aborrecer.
Yo no soy un hombre fácil, ni al uso, ni moderno, estimo las cosas por lo que significan, no por lo que dicen que valen, detesto la mentira, la arrogancia y la falta de moral. No soporto las faltas de educación, las ausencias injustificadas de modos elementales, o los brotes esquizoides y egoistas que se vuelven cotidianos en nuestro entorno cada día más y que lo vuelven todo opaco, ajeno  a la belleza, imposible.

 Mi tío murió hace años, pero su recuerdo, que aparece vivo y paralelo al de mi ñinez en la playa abierta y salada de mi pueblo, de noche y por agosto,  pescando y hablando,  no se pierde, pervive.
 Si olvidar es traicionar, de tal insensatez no adolezco, pues la dilución de mis recuerdos de no ser por causas ajenas a mi voluntad, por elección no la practico, pues no entiendo la Justicia si olvido los compases hermosos de mi vida.
Este carrete de pesca es una puerta al pasado; su singular sonido de recogida, acompasado, seco y rítmico,  me gusta, me hace compañía.
Es, a mi parecer, la memoria de los seres y de las cosas, más allá del polvo del que están hechos, su auténtico valor, la esperanza de nuestra permanencia, y de la resurrección.

4 comentarios:

  1. ¡Qué bien escribes David, deberías recopilar todos estos escritos y presentarlo a una editorial, yo te animo!, bello el detalle de tu tío cuando te decía" Hasta tres, cuenta hasta tres...", la paciencia, volvemos a la Señora Paciencia, gran intérprete de la vida y muy necesaria, hay personas que desde que nacen son acompañados por ella, otras como en mi caso he tenido que invitarla a lo largo de mis años a que me acompañe para aprender de ella".

    PRECIOSO: " Pues mi vista de hoy me recuerda a la suya de ayer".


    Muy valioso y certero tu último párrafo, hay que tener en cuenta la memoria de los seres y de las cosas, pues aun sin estar a nuestro lado nos siguen susurrando al oído para que sigamos aprendiendo de ellos.


    Saludos. Teresa.

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    1. No Teresa, son simplemente pequeños poemas en prosa diletantes, no tienen más valor.
      Me alegro que te guste mi modo de narrar.
      Un afectuoso saludo,

      David

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    2. Disculpe, Usted, Señor Flores, tienen más valor de lo que piensa, ya sabemos de su modestía que es gran virtud, pero son muy valiosos sus poemas y de gran calidad, si le sugiero presentarlo a una editorial no es para su ego, sino porque pueden hacer felices a los lectores, ¿ le parece poco?. Siempre no solo tu manera de narrar sino lo que cuentas, su contenido, bien es verdad que hay artículos con gran contenido pero aburridos de leer, no es tu caso, David.

      Si decides intentar publicarlo, espero me avises.


      Un abrazo. Teresa.

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    3. Gracias, muchas gracias.

      Un saludo fraternal, tuyo,

      David

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