domingo, 1 de junio de 2014

"El Calderón" o los deseos cumplidos

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En el román paladino de la Mineralogía topográfica patria, quien dice "el Calderón", -dicho así con artículo-, se refiere a un libro muy buscado. Se trata del texto: "Los minerales de España", escrito por el doctor Salvador Calderón Arana, y publicado en la villa y corte de Madrid en 1910 por la Junta para ampliación de Estudios é (sic) Investigaciones científicas, en  dos volúmenes y dado a la estampa de don Eduardo Arias, calle de San Lorenzo número cinco, bajos, para más señas.
Esta mañana lo he hallado en una librería de antiguo que regenta un buen amigo.
Lo busqué tanto de joven, que llegué a llorar al no encontrarlo, pues junto a dos libros más, de los que hablaré otro día, configuraban mi recurrente pedido a los Magos de oriente antaño. No eran fáciles de encontrar, y aun así, me llegaron por gracia de la fortuna años después, eso sí, con más o menos plata de por medio, como se dice en las Américas nuestras.
Ya lo tenía pues, en rústica, y no con esta encuadernación que luce más propia y regia, y además en dos tomos,  lo agradezco ahora en uno y encuadernado.
Se lo había comprado al librero Creus, de Barcelona, antes de ir a la ópera, una tarde, y gracias a la intercesión del destino, y a la gracia de Isabelle, que convenció al librero de su venta con su acento francés en su impecable español. Ciertos libros, como ciertas cosas, no se consiguen solo con dinero, ese librero era de pura raza, no vendía si creía que el libro no estaría en buenas manos, y tenía por seguro que, en las suyas claro está, quedarían bien los dineros. En esa librería se esperaba a que llegase el bibliófilo adecuado a cada desiderata con la pericia de un pescador de hombres; los libros no estaban en anaqueles comunes, estaban envueltos en papel de periódico, y su precio estaba escrito, con lápiz, en el frontispicio y en clave alfanumérica, parecido a los numeros romanos, pero más difícil. Estando la hora de la representación próxima, entrada la noche  y nuestra casa quedando lejos, acomodamos el libro en el teatro casi con la veneración que se profesa a un santo, o mejor pongo otro ejemplo: con la veneración profesada a Caruso, que es más lo suyo al caso.
-Lo que he olvidado es la función que se representaba en el Liceo esa noche, guardo todas los programas de mano, con un poco de suerte sería capaz de recordarlo, pero tampoco se trata de esto-.
Me interrogo ahora, libro en mano, por su autor, que fue librepensador y krausista, de la Institución Libre de Enseñanza, catedrático de la Universidad Central, exactamente tenía la cátedra de Mineralogía, Botánica y Zoología, en la época juntas bajo un mismo epígrafe: el de la Historia Natural; cosa grande esto de integrar, pues, a mi juicio, quien divide vence, pero poco abarca.
Los que amamos los libros y las cosas de ayer, quizá somos un poco ingenuos y nos parece que así rodeados de añejas estampas estamos menos solos, como más en compañía, confundiendo acaso, el deseo con la realidad. La verdad es que seguimos estando tan acompañados como estuvimos, pero con otra sensación.
Estar en compañía del doctor Calderón, no sería mala cosa, es más, afirmo contundente, que sería excelente, pues más allá de minerales y de enseñanza podríamos hablar -quizá es por mi parte pretencioso creer que a él le gustaría conversar conmigo- de España y de lo nuestro.

Bueno, cosas mías, pensamientos que me vienen leyendo en mi tomo localidades y especies, imaginando antiguos cristales de Cuarzo, de Pirita, de Casiterita o de Piromorfita, de Horcajo, de Linares, o de Bustarviejo... Que no por sabidas ciertas cosas me agradan menos, al contrario, las saboreo más. No quiero ni pensar como sería un mundo sin libros, sería tristísimo, sería muy pobre y, sobre todo, huérfano.



N3786

2 comentarios:

  1. ¡Que bonito y sublime texto, David, me ha encantado, hasta te he imaginado conversando tu con Calderón!. Que no falten nunca los libros, los de toda clase de disciplinas, no los etiquetados como las ideas en conservas, si no la variedad y que cada cual elija. Todavía quedamos algunos románticos e ingenuos de las historias imaginadas...el soñar no se le puede quitar a ninguna persona.


    Una preciosidad: " Ciertos libros, como ciertas cosas, no se consiguen solo con dinero, ese librero era de pura raza, no vendía si creía que el libro no estaría en buenas manos, y tenía por seguro que, en las suyas claro está, quedarían bien los dineros", así es.


    Me alegro David que encontraras tu libro.

    Saludos. Teresa.

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