viernes, 30 de mayo de 2014

Hypericum perforatum, Yerba de San Juan.




Seguimos transitando montes, Enric, Joan y quien lo explica, con la intención puesta en los andares, y
en las cosas de antaño y hogaño de nuestras montañas. Esta mañana queríamos encontrar Hipérico. No es planta fácil esta hierba, pero el conocimiento y la perseverancia han dado sus frutos y la hemos hallado. Como remedio sirve para todo -o casi- pues igual cura una contusión, que equilibra un desarreglo de humores, esto es en moderno, la ansiedad y la depresión. Ya es curioso como una pequeña florecilla amarilla bien vale lo suyo en oros, pues como en las historias antiguas habladas en provenzal y en catalán se afirma: "Qui té (Hi)Pericó, no necessita ni metge ni doctor", que viene a decir que quien dispone de Hipérico no necesita doctores, al menos en medicina, pues halla la curación en la planta. De nuestra afamada recolección hemos tomado buena nota, por si hay que volver. De momento hemos preparado un aceite en maceración con ella, que debe madurar una cuarentena, ni una novena, ni dos, una cuarentena repito, para ser útil, así lo afirma Joan, que es quien sabe, pues los demás aprendemos.
 Discurre el camino entre cerezos y laureles,  frondoso y con olor a plantas buenas, como debe ser. Los cambios climáticos y de población, han secado tanto la cordillera litoral del Montnegre que casi se agradece que llueva el día que uno emprende el camino, pues al menos  se aligeran los polvos y se respira aire limpio. De las bondades del ungüento daremos pronto fortuna, que esperamos próspera, pues la tradición no yerra- seguro- en cuestiones de raíces y de yerbas, más cuando Hipócrates, ya glosó de sus virtudes y registró su uso. La  mostramos en pomo, recién cortada, con Iloha, la Jack Russel  de mi primo, que formó parte de la expedición; la tenemos ahora, la planta claro, sumergida en aceite de olivas, habrá que esperar para obtener el remedio.

Tradicional era curar las flores recogidas por San Juan, o sea, en el día de San Juan, al alba, muy temprano, para que estuviesen en plenitud. Por San Juan perdiganas, me explica mi amigo Delfín cada año, que sabe de dichos, pues en su pueblo siempre se llamaron así los perdigones, esto lo traigo como frase hecha de cosas de este tiempo de solsticio y fuegos, como muestra del retorno de las cosas y como antífona para el rito del electuario preparado, que antes de convertirse en remedio quiere hacerse rogar cuarenta días y otras tantas noches, tantas como estuvo en ayuno Nuestro Señor, que así está escrito.

2 comentarios:

  1. Que siga Usted disfrutando de su interesante paseo aventurero entre plantas y flores, curativas y necesarias, ¡pobres mujeres aquellas de antaño consideradas brujas!, per cuando llegó Alosno Salázar Frias a aquel lugar no encontró brujas sino la perversidad del ser humano.


    Bonita foto la del perrito.


    Saludos. Teresa.

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    1. Sí, la maldad del ser humano es capaz de recrear casi cualquier paisaje, del alma o de la geografía.
      Saludos Teresa.

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